Carácter del Sagrado de Birmania
Cuando hablamos de felinos de manera general, hacemos referencia a seres con una tendencia natural a la caza y poco o nada gregarios en su estado silvestre. Sin embargo, en el caso de los Sagrados hay muchas acotaciones que hacer en cuanto a carácter se refiere.
Los Sagrados son animales sociables con su familia humana, a la cual adoptan sin distinción o preferencia de “amos” siempre y cuando reciban un trato uniforme y respetuoso de todas aquellas personas que la componen.
Amigables y permisivos con los demás miembros felinos de su entorno, mantendrán la jerarquía correspondiente entre miembros con absoluta elegancia y rotundidad. Entre ellos se establece un código inconfundible de especiales maullidos, miradas y movimientos en función de sus apetencias u órdenes, y según las particularidades del caso.
Como expertos gimnastas se valen de extrañas contorsiones para acceder a todas sus zonas corporales en el acicalamiento diario, al cual dedican una buena parte de su tiempo.
Si dedicamos un lapso de tiempo regular para observarlos e interactuar con ellos encontraremos las causas que generan sus cambios, siempre pensando que su comportamiento es cotidianamente lineal salvo excepciones justificadas como, por ejemplo, sufrir algún tipo de abandono o alteración en sus necesidades tanto físicas como afectivas, o un simple cambio de rutina en la vida del hogar.
En ningún caso debe confundirse una actitud neurótica con su temperamento, naturalmente activo, pues sabrán cómo hacer patente que algo les incomoda.
El preludio a la vejez será corto y se manifestará de forma abrupta en el caso de ejemplares sanos. Hasta prácticamente el final de sus días mostrarán la inteligencia y afecto usuales. Sus movimientos serán más lentos y los períodos de sueño más extensos como muestra del cansancio propio de la avanzada edad.
Cabe destacar que, aunque cumplen con unas características generales propias de la raza, cada Sagrado es una entidad INDIVIDUAL, adaptado al medio en que vive con sus familias humanas y con las que creará un vínculo estrecho de sentimientos mutuos. Cada uno de ellos manifestará particularidades irrepetibles aun cuando convivan en el mismo entorno.
En la convivencia entre Sagrados y humanos encontraremos momentos llenos de una magia especial. Son capaces de detectar nuestros estados anímicos y mimetizarse con nosotros hasta tal punto que buscarán acercarse en un momento de tristeza o depresión para consolarnos con su presencia, nos dedicarán una profunda mirada llena de comprensión y adormecerán nuestros sentidos con un suave ronroneo. Huirán de nuestro lado cuando estemos enfadados como si pudiesen oler la ira que nos corroe, eso sí, sin dejar de estar siempre atentos a cuanto hacemos, pues por poco que lo parezca, los Sagrados jamás serán indiferentes a su entorno y mucho menos a su “familia”.
No es de extrañar que sobre ellos se haya forjado una leyenda ancestral cargada de espiritualidad y misticismo, en la que se narra un magnánimo destino, la delicada tarea que debían cumplir guiando las almas de sus queridos monjes al más allá.
Basta con mirar directamente a los profundos y azules ojos de un Sagrado para quedar impregnados del misterio que en ellos se encierra. |