HIGIENE
Los felinos son animales naturalmente aseados y la higiene es en ellos un verdadero hábito innato. Un minino sano no despide ningún olor y su aspecto jamás será desaliñado. Si se notase “mal aspecto” en la apariencia del animal sería conveniente un chequeo veterinario, ya que la falta de higiene puede representar un síntoma de enfermedad.
Como si de una herencia se tratase, los cachorros aprenden de sus madres una diaria auto limpieza a fuerza de repetición y constancia. Después de la 5ª o 6ª semana, los pequeños toman el relevo y comienzan a asearse por propia cuenta, manteniendo una rutina cotidiana que oscila entre 5 y 10 minutos de cada vez.
Aunque los mininos realizan esta tarea de higiene de manera individual, en ocasiones se acicalan entre unos y otros estrechando los lazos afectivos.
Gracias a la característica superficie de la lengua de los gatos, provista de unas papilas en forma de gancho, cada lametada se encarga de hacer el “barrido” de pelos sueltos, partículas de polvo, tierra y demás, con lo que consiguen además de la limpieza un buen peinado. Lamen todo su cuerpo adoptando posturas propias de un contorsionista para llegar a todas las áreas posibles en un afán por dejarlo todo limpio. En aquellas zonas en donde les imposible alcanzar directamente con la lengua, utilizan las patas como accesorio, lamiendo primero la superficie de la misma y aplicándola a modo de “cepillo” en los lugares que quiere asear.
Aun cuando la auto limpieza del felino debería ser suficiente para su bienestar, existe la tendencia a mejorar dicha higiene por parte de los cuidadores, lo cual no está de más siempre que se haga de la manera correcta y siguiendo unas pautas básicas de seguridad para el animal.
Hay opciones para las diversas apetencias, como por ejemplo, el baño con agua templada y champús especiales para gatos (no deben usarse champús no específicos que pueden resultar tóxicos) evitando que el agua y el champú penetren en los oídos y en los ojos. Posteriormente se procede al secado concienzudo del animal mediante toallas y secadores de cabello a baja temperatura, evitando así dañar la delicada piel. Es importante recalcar la importancia del secado pues de quedar húmedo, el animal podría sufrir un enfriamiento y enfermar.
Otra opción a considerar es el uso de espumas especialmente creadas para la limpieza en seco de los animales, por lo que recomendamos recurrir a tiendas especializadas donde nos asesorarán sobre todas las características del producto a utilizar.
Tanto si se trata de un felino de pelo corto como de pelo largo, la recomendación general es acostumbrarlos desde cachorros a un cepillado periódico, una vez por semana en especímenes de pelo corto y a diario en aquellos de pelo largo.
El Sagrado de Birmania es un felino de pelo semi-largo. Por tanto, será conveniente realizar cepillados en días alternos. En la época de muda será conveniente cepillar con mayor frecuencia para evitar la formación de nudos por acumulación de pelo suelto.
Un cepillado concienzudo, metódico y sin dolor para el animal es esencial en la consecución de una buena salud. Debe realizarse con cepillos especialmente diseñados que encontraremos en las tiendas de mascotas y acostumbrar al animal desde cachorro a dicha actividad, con paciencia y sin dolor físico, de lo contrario habrá un rechazo que supondrá momentos de estrés, puesto que es un acto ineludible si queremos mantener sano a nuestro pequeño. Para evitar adherencias desagradables y ayudar a animal a la consecución de un perfecto aseo, es recomendable recortar el pelo en la zona anal con cuidado de no exagerar. Se trata de evitar que esté demasiado largo para entrar en contacto con las heces formando desagradables manchas.
La actividad del cepillado nos ayudará a conocer mejor a nuestros mininos y que estrechará lazos afectivos. Al realizarlo estamos ayudándolo a retirar gran parte del pelo muerto, quitando restos de tierra, polvo o cualquier partícula adherida, propiciamos un aspecto impecable y es una gran oportunidad de revisar si tienen algún bulto sospechoso, alguna anomalía, parásitos, cualquier cosa que nos pueda indicar que el animal tiene un problema físico detectable a tiempo.
El felino necesita un lugar blando para hacer sus necesidades. El proceso consiste en escarbar antes el terreno para posteriormente tapar las heces y orina. Un punto más a favor que añadir a sus costumbres higiénicas, pero en realidad lo hacen de manera instintiva para evitar ser presas que dejan rastro de su presencia a los predadores.
Cuando el animal vive en una casa provista de jardín el animal podrá acceder a él para realizar sus necesidades fisiológicas. Cuando viven en un apartamento la cosa es diferente, será necesario facilitarle la labor con una caja sanitaria rellena de un material especial absorbente o con arena, que el felino pueda escarbar. Tan pronto como se les facilita esta bandeja, y salvo rarísimas excepciones, aprenderá a usarla. Tendremos especial cuidado de retirar los deshechos acumulados a diario y, en dependencia de la cantidad de animales que compartan el lecho higiénico, se procederá al cambio del material absorbente una o dos veces por semana. De esta manera evitaremos que se acumulen malos olores, indeseables tanto para humanos como para mascotas.
Cuando se lamen en su aseo diario, los felinos ingieren cierta cantidad de pelo que termina formando “bolas” indigestas en su estómago. Si el animal tiene un jardín al que acceder, él mismo buscará tallos de hierbas que comer para purgarse y expulsar las bolas de pelo, pero si vive en un apartamento, hay dos maneras de facilitarle la tarea. La primera es la siembra o compra de macetas con semillas especiales para gatos, las cuales forman unos brotes germinados que el animal comerá, no a modo de alimento sino para limpiar su estómago tanto de los molestos cúmulos de pelo como de cualquier otra sustancia sin digerir. La segunda opción es suministrarle al animal un preparado de malta en pequeñas dosis, el cual lo venden en las tiendas especializadas. Consiste en una pasta de color marrón claro y con consistencia similar a una mermelada que suministrada por vía oral ayudará a que pueda expulsar las bolas de pelo sin dificultad.
Las garras de los felinos crecen de manera incesante durante toda la vida. Cuando el animal puede desenvolverse en el medio silvestre, el crecimiento de las uñas se controla de forma natural por desgaste con las superficies y por descamación
En el caso de un felino de apartamento no es tan sencillo. Debemos proveer al animal un “rascador” apropiado, puede ser de los comerciales que existen en tiendas especializadas como un tronco de madera improvisado, siempre cuidando que no sea madera fácilmente astillable. Mediante el rascado sobre dichos materiales, el animal hace un afilado de uñas que las mantiene en un tamaño deseado, él mismo creará el desgaste necesario para su confort. Si por algún motivo el rascado no fuese suficiente y observamos que las uñas no están de un largo aceptable, habrá que ayudarle cortándoselas con unas tijeras o alicates especiales, teniendo sumo cuidado de no seccionar accidentalmente el vaso sanguíneo del interior de la uña evitando así una hemorragia. Lo ideal en estos casos es el asesoramiento de un profesional veterinario para aprender a realizar el corte de manera correcta.
Las orejas deben limpiarse suavemente con una mota de algodón sólo en la zona externa, no es aconsejable intentar limpiar el interior del oído con bastoncillos pues podríamos hacer daño al animal. Si sacude mucho la cabeza, se nota alguna secreción o mal olor en los oídos, o ladea la cabeza de forma extraña siempre hacia un mismo lado, podría ser síntoma de una infección, por lo que es recomendable un chequeo veterinario.
Igualmente, con los ojos se hará una limpieza superficial mediante una mota de algodón humedecida con suero fisiológico, arrastrando cualquier secreción que pueda estar en la zona.
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