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LEYENDA DEL SAGRADO DE BIRMANIA...

 

                Alrededor del siglo XVIII, en la ancestral y asiática  Birmania, los monjes Khmer, llamados Kittah, fueron implacablemente perseguidos y muertos por los indios Brahmin. Desesperados por el  asedio del que eran víctimas, decidieron trasladarse al norte de Burma y construir el templo Lao-Tsun , “La Morada de Los Dioses”.

                Un anciano monje llamado Mun-Ha, el más venerable de los Kittahs, había pasado su vida entera en la contemplación de Tsun-Kyan-Ksé, una diosa de infinita belleza, nívea piel cubierta con un manto de oro, largos cabellos negros y ojos de zafiro, la cual se encargaba de la transmutación de las almas.

                Tsun Kyang Ksé era adorada por Mun-Ha durante largas horas en compañía de su oráculo, un hermoso gato llamado Sihn, de suave y blanco pelaje, y grandes ojos amarillos como el sol.

                Una noche en que el templo fué asaltado por ladrones,  Mun-Ha salió en defensa del templo, y siendo atacado cayó abatido a los pies de la imagen divina.  Al ver a su amo inerte, Sihn trepó sobre su cuerpo intentando protegerle, pero era tarde, Mun-Ha había fallecido.

                Sihn levantó la mirada hacia Tsun Kyang Ksé a modo de súplica…  Y entonces, algo mágico ocurrió: el manto blanquecino del gato se bañó de una cálida luz dorada, sus patas apoyadas sobre la barba del monje adquirieron en tono de la nieve, tintándose con la blancura de las sabias canas de su amo,  y sus ojos amarillos se volvieron del profundo azul zafiro que Tsun Kyang Ksé poseía en la mirada.

                La deidad que tanto había evocado el monje a lo largo de su existencia y a la cual había dedicado infinitas horas de contemplación, en un acto de recompensa había divinizado a Sihn dejándolo encargado de conducir el alma del devoto monje hacia el paraíso. Siete días con sus noches el sacralizado gato permaneció velando el cuerpo de su amo,  hasta finalmente fallecer y cumplir así la tarea que le había sido encomendada.

                Los Kittahs, habiéndose reunido para elegir al sucesor de Mun-Ha, observaron entre mezcla de asombro y devoción con como los gatos que habitaban el templo venían en procesión hacia el recinto. Todos ellos con el manto dorado, guantes blancos en las patas y ojos color zafiro, los demás gatos del templo habían sido transformados y bendecidos con un hermoso propósito.

                Desde entonces, cuenta la leyenda que cuando un gato Sagrado de Birmania muere es porque ha llegado el momento de cumplir la misión divina de guiar en el viaje al más allá al alma de un monje que se eleva …



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